lunes, 27 de julio de 2009
En Junín hay un aproximado de dos mil Indigentes.
Luciano Polo, coordinador del área de Acción Social, de la Secretaría de Junín, manifestó que se ha incrementado la demanda de asistencia de los sectores más carenciados en este crudo invierno.Para hacer frente a todos los gastos de la Secretaría, que incluye además las áreas de Discapacidad, Violencia Familiar, Salud, entre otras, el Municipio asigna entre 15.000 y 20.000 pesos por mes, lo que se suma a los 25.000 que manda la provincia de Buenos Aires a la Comuna.“La asistencia social no para durante todo el año. A toda persona que llega se la escucha y se le da una respuesta en la medida de las posibilidades, pero siempre tratando de brindarle una ayuda”, asegura Polo.Respecto a los últimos días, el funcionario señaló que en julio se notó una mayor demanda de garrafas sociales, al punto tal de tener que ampliar el cupo habitual que tenían.También se piden más frazadas, mercadería y leña para las estufas. “Nosotros entregamos acolchados. En los roperos municipales se reacondicionan las colchas viejas o la ropa vieja para ello”, aclaró.Para Polo es común que en la Secretaría de Acción Social vaya gente a pedir asistencia durante todo el año, por eso se la atiende en las mismas oficinas de calle Gandini o en los propios barrios, a través de las asistentes sociales. Ellas contactan a los vecinos y luego presentan el informe en la Secretaría para que se realice la ayuda.Según lo manifestado por Polo, la Secretaría tiene 14 asistentes sociales por lo que están tratando de cubrir la creciente demanda, no sólo de Junín sino de las unidades sanitarias de los pueblos del partido.En ese sentido, calculó que alrededor del dos por ciento de la población es indigente. El número, estiman en el Municipio, indica que son alrededor de dos mil los pobres de nuestra ciudad.
miércoles, 15 de julio de 2009
Detenidos dos vagabundos que agredieron en un albergue de Santander a unos policías.
Agentes de la Policía Municipal detuvieron en la tarde de ayer, lunes, a dos jóvenes indocumentados que se encontraban en el albergue del transeúnte de Santander, y que agredieron a los agentes cuya presencia había sido requerida en el centro.Los hechos ocurrieron a las siete de la tarde, en el Albergue Municipal de Candina, donde miembros de la Policía Municipal, que fueron requeridos por la monja encargada de dicho centro, trataron de identificar a dos jóvenes indocumentados.En ese momento, uno de ellos, identificado como E.A, reaccionó de forma violenta, intentando darse a la fuga y agrediendo a los agentes actuantes. Por ello se procedió a su detención, instruyéndose las preceptivas diligencias judiciales. Como consecuencia de la intervención, dos agentes de la Policía Municipal necesitaron ser asistidos en un centro médico.
lunes, 6 de julio de 2009
Una luz de esperanza para abandonar la calle
Un recorrido por las calles de Manizales permitió observar la dura realidad de la indigencia en la ciudad. Hombres que duermen en los andenes y debajo de los puentes se levantan con la ilusión de ver el mañana dentro de un proceso de rehabilitación. Historias.
Mientras la ciudad despierta, algunos habitantes de la calle se acuestan. Ellos prefieren trasnochar antes que la mañana los sorprenda sin material de reciclaje, o por el contrario, sin poder vender su chatarra o cartón que les permitirá subsistir durante el día.Es viernes 3 de julio y son las 5:00 de la mañana. En la Estación de Bomberos Los Fundadores está lista la caravana de funcionarios de la Alcaldía y personal de la Policía Caldas que recorren las vías para invitar a los indigentes a unirse al programa de la Unidad de Protección a la Vida (UPV).La primera estación es el puente peatonal del Liceo Isabel La Católica. Un hombre, que se cubre del frío con una bolsa de basura, acepta subirse a la camioneta que lo llevará a la Estación de Policía del barrio Colón, donde atienden a la población vulnerable.El recorrido continúa y, a escasos metros un señor de unos 40 años se amarra sus zapatos y coge su maleta para montarse al vehículo. Cerca al lugar, por la iglesia de la Valvanera, un muchacho prefiere evadir a los funcionarios y mientras corre exclama: “tranquilos, me voy para La Galería a dormir”.Realidad que golpeaEl grupo de la UPV se desplaza hacia el Parque Ernesto Gutiérrez, donde tratan de convencer a dos señores para que reciban un baño, vestido, alimentación y ayuda terapeútica en las instalaciones del programa. Al final, y luego de una larga conversación, rechazan la invitación. Agarran sus costales y se marchan.La caravana se desplaza hacia el sector del Parque Olaya y luego toma la carrera 23, donde recogen a dos más. Uno, en la calle 21, y el otro, en la calle 27, que dormía en la puerta de la pastelería La Suiza.La delegación continúa con su ronda y en el puente, a un costado del colegio Alfonso López Pumarejo, encuentra a un señor que duerme agarrado de las piedras y rodeado de un olor a excremento. “No me quiero acompañarlos porque tengo que ir a misa y al médico”, le dice al personal.Siguen por la Avenida Paralela y luego suben al Parque de Los Enamorados. Allí se monta otro joven a los carros, pero sin olvidar su acolchado.Terminan el operativo en la sede de la UPV. 23 indigentes aceptaron la invitación. Varios ellos se tiran de los carros y corren hasta el patio donde los espera el grupo de profesionales. LA PATRIA, luego del recorrido que hizo, cuenta cuatro historias de estos hombres que se rebuscan la vida en la calles de la ciudad.Carlos Alberto Cuervo EncisoEs manizaleño y tiene 47 años. Dice que está en la calle porque una moto mató a su mamá hace varios años. Perteneció ocho años al Ejército y, según él, sólo cuenta con un hermano jubilado de la Policía que está en Cali. “Él a veces se preocupa por mi, pero prefiero no molestarlo. No me gusta la calle, pero que más hago. Tengo otros hermanos, pero no quiero saber de ellos. Quiero cosas imposibles como tener a mi madre y, hasta de pronto, regresar al Ejército”, comenta.Sobre la vida que lleva y los peligros en la calle, expresa no sentir miedo, a pesar de que hace mes y medio le pegaron un tiro en el cuello cuanto intentó defender en La Galería a un compañero al que iban apuñalar.Juan Pablo DuqueTiene 27 años, 14 de ellos, en la calle. Nació en Manizales. Sus padres y dos hermanos viven en el barrio Los Alcázares. A nadie le echa la culpa de estar en la calle. Asegura que fue su decisión, por probar la droga. Ha regresado varias veces a la casa, pero prefiere la calle porque la droga es “como una enfermedad y el cuerpo la pide”.Estudió hasta octavo de bachillerato en el colegio Inem. Afirma que estuvo seis meses juicioso, cuando hace varios años lo llevaron a La Linda por tener papeletas de bazuco.Aunque está dispuesto a cambiar, manifiesta que no está de acuerdo con el manejo de la UPV, pues cuando decide ir a las instalaciones, los servicios son muy demorados y necesita producir para el día. “Vivo del reciclaje y de los mandados que le hago a los artesanos del Parque Caldas. La dormida por lo general es en el barrio El Bosque, o donde me coja la noche”.Juan Gabriel Marín ArévaloEs del barrio San José de Manizales. Lleva tres años en la calle por culpa de la droga, según su testimonio. Tiene 22 años y estudió hasta cuarto de primaria. Dice que se siente solo, pues su mamá se mantiene de viaje con un señor de una tractomula por Medellín y Bogotá. Además, sus dos hermanos están en la cárcel.“Las amistades me llevaron a consumir y cuando necesito una ayuda no aparecen. Vivo del reciclaje y, por lo general, duermo en el barrio San Joaquín. Estoy expuesto a muchos peligros, pero no me da miedo”.Agrega que la UPV le parece interesante, pero que deberían internarlos para pensar en una rehabilitación.Fabio Nelson Betancur GiraldoLa falta de dinero y su adicción a las drogas lo llevaron a la calle. Cuenta que hace nueve años le robó 3 millones 500 mil pesos a una señora de la Fiscalía en Bogotá. El atraco lo cometió porque sus dos hijos y esposa no tenían qué comer. “Esperé a que saliera de un restaurante y la robé con el pico de una botella. Ella estaba borracha y llevaba un revólver en el bolso. También llevaba 400 millones en cheques, pero no podía hacer nada para reclamarlos. Fui tan de malas que nueve meses después del robo, me encontró y me pegó un tiro en el pecho que me dejó sin un pulmón y cojo”.Como la mayoría de indigentes, también vive del reciclaje y de la limosna. La utiliza para comprar medicamentos, comida y vicio. Fabio Nelson espera regresar pronto a Bogotá, aunque le da miedo que lo maten, pero dice que en Manizales la gente lo trata mal y lo humilla.La voz de un expertoFernando Cantor, Director del programa de Sociología de la Universidad de Caldas, analizó la indigencia en Manizales y Colombia, pero además puso algunos ejemplos internacionales que se pueden implementar dentro de la UPV.Para el investigador, lo primero que se debe hacer es profundizar qué es la indigencia para determinar fenómenos que inciden en ella. Según el docente universitario, existen razones como la pobreza extrema, la pérdida de vínculos familiares, las adicciones a las drogas y la ruptura de lazos en comunidad, que ayudan a expandir el problema social.“En nuestro país el desplazamiento forzado es un factor determinante dentro de la indigencia. Se necesita elaborar unapolítica pública y hacer una estrategia más amplia que involucre al Estado y al sector privado. De esta manera, se construye a un ciudadano que carece de vivienda, educación, alimentación, bienestar social y vida laboral”.El también sociólogo dijo que en España, Francia e Inglaterra, la persona que habita la calle necesita ocho meses para desintoxicarse y dos años para reintegrarse a la vida cotidiana. Resaltó que en los países europeos implementan un modelo que consiste en saberle llegar a estas personas para crear una empatía; lo otro es llevarlos a un albergue para iniciar un proceso de rehabilitación, además de crear espacios en donde ellos puedan vivir en comunidad, y darles de alta para reinsertarlos a la vida laboral.En el Eje Cafetero* Fabio de Jesús Sánchez, Subsecretario de Gobierno de Pereira.Señaló que en la ciudad apenas iniciaron un programa denominado Manejo integral a la indigencia. La intención es llevar a los habitantes de la calle a un albergue para que duerman allí y en el día trabajen con el reciclaje, mediante una cooperativa que pretender crear. “El lugar se está acondicionando y hace un mes y medio hicimos una brigada de salud para censarlos. En Pereira hay alrededor de 240 indigentes, de ellos 128 pertenecen al programa”, anotó el funcionario.* Liliana Jaramillo, Secretaria de Desarrollo Social de Armenia.Sostuvo que cada 15 días realizan operativos para llevar a los indigentes a la Fundación Hernán Mejía para brindarles un apoyo similar al que se ejecuta en Manizales. Agregó que en la ciudad hay 180 personas en la calle, pero aclaró que la cifra está en aumento porque a diario llegan de otras ciudades.* Julián Andrés Vasco Loaiza, Secretario de Gobierno de ManizalesSobre el programa de la UPV resaltó su importancia, pues es la primera vez que en la ciudad se hace algo para atender a la población vulnerable. Dijo que en 20 días que lleva el proyecto, se han atendido 600 indigentes que repiten los servicios ofrecidos. Concluyó que en la ciudad hay cerca de 150 indigentes y que esperan ayudarlos para que se reintegren a la vida normal.Habla la comunidadAlgunos manizaleños opinaron sobre qué se debe hacer con los indigentes que recorren las calles de la ciudad. La mayoría coincidieron en que las autoridades les tienen que dar garantías para rehabilitarse.José Ovidio Aguirre, pensionadoLos tienen que recoger de las calles y hacer algo por ello. La Alcaldía se debería comprometerse más con estas personas.Ignacio Betancur, jubiladoLas autoridades tienen que hacer el esfuerzo de identificar de dónde provienen para enviarlos a sus ciudades de origen y así protegerlos.Héctor Herrera Henao, pensionadoHay que ofrecerles un albergue permanente luego de recogerlos de las calles.Marina Rendón, ama de casaEs obligación del gobierno ayudarlos y hacer obras de caridad para que no pasen necesidades.David Robledo, jubiladoEl Municipio debe implementar políticas para ayudarlos cuando ellos necesiten cualquier servicio.El proyectoLa Unidad de Protección a la Vida (UPV) es un centro de atención transitoria para indigentes, trabajadoras sexuales y los llamados 'chirrincheros' que deambulan por las calles de la ciudad, en donde se les brindará atención en salud, alimentación, vestido y peluquería.“Auxiliares del programa invitarán a estas personas a vincularse a la campaña. Los profesionales que atenderán a los beneficiarios tendrán tres turnos en el día, para operar las 24 horas. Ayudarán a prevenir los actos de violencia y a orientar a la población en la autoprotección y respeto por su dignidad humana”, explicó Alberto Agudelo Moreno, representante de la Corporación Tejido Social, encargada de la operación de la UPV.
Mientras la ciudad despierta, algunos habitantes de la calle se acuestan. Ellos prefieren trasnochar antes que la mañana los sorprenda sin material de reciclaje, o por el contrario, sin poder vender su chatarra o cartón que les permitirá subsistir durante el día.Es viernes 3 de julio y son las 5:00 de la mañana. En la Estación de Bomberos Los Fundadores está lista la caravana de funcionarios de la Alcaldía y personal de la Policía Caldas que recorren las vías para invitar a los indigentes a unirse al programa de la Unidad de Protección a la Vida (UPV).La primera estación es el puente peatonal del Liceo Isabel La Católica. Un hombre, que se cubre del frío con una bolsa de basura, acepta subirse a la camioneta que lo llevará a la Estación de Policía del barrio Colón, donde atienden a la población vulnerable.El recorrido continúa y, a escasos metros un señor de unos 40 años se amarra sus zapatos y coge su maleta para montarse al vehículo. Cerca al lugar, por la iglesia de la Valvanera, un muchacho prefiere evadir a los funcionarios y mientras corre exclama: “tranquilos, me voy para La Galería a dormir”.Realidad que golpeaEl grupo de la UPV se desplaza hacia el Parque Ernesto Gutiérrez, donde tratan de convencer a dos señores para que reciban un baño, vestido, alimentación y ayuda terapeútica en las instalaciones del programa. Al final, y luego de una larga conversación, rechazan la invitación. Agarran sus costales y se marchan.La caravana se desplaza hacia el sector del Parque Olaya y luego toma la carrera 23, donde recogen a dos más. Uno, en la calle 21, y el otro, en la calle 27, que dormía en la puerta de la pastelería La Suiza.La delegación continúa con su ronda y en el puente, a un costado del colegio Alfonso López Pumarejo, encuentra a un señor que duerme agarrado de las piedras y rodeado de un olor a excremento. “No me quiero acompañarlos porque tengo que ir a misa y al médico”, le dice al personal.Siguen por la Avenida Paralela y luego suben al Parque de Los Enamorados. Allí se monta otro joven a los carros, pero sin olvidar su acolchado.Terminan el operativo en la sede de la UPV. 23 indigentes aceptaron la invitación. Varios ellos se tiran de los carros y corren hasta el patio donde los espera el grupo de profesionales. LA PATRIA, luego del recorrido que hizo, cuenta cuatro historias de estos hombres que se rebuscan la vida en la calles de la ciudad.Carlos Alberto Cuervo EncisoEs manizaleño y tiene 47 años. Dice que está en la calle porque una moto mató a su mamá hace varios años. Perteneció ocho años al Ejército y, según él, sólo cuenta con un hermano jubilado de la Policía que está en Cali. “Él a veces se preocupa por mi, pero prefiero no molestarlo. No me gusta la calle, pero que más hago. Tengo otros hermanos, pero no quiero saber de ellos. Quiero cosas imposibles como tener a mi madre y, hasta de pronto, regresar al Ejército”, comenta.Sobre la vida que lleva y los peligros en la calle, expresa no sentir miedo, a pesar de que hace mes y medio le pegaron un tiro en el cuello cuanto intentó defender en La Galería a un compañero al que iban apuñalar.Juan Pablo DuqueTiene 27 años, 14 de ellos, en la calle. Nació en Manizales. Sus padres y dos hermanos viven en el barrio Los Alcázares. A nadie le echa la culpa de estar en la calle. Asegura que fue su decisión, por probar la droga. Ha regresado varias veces a la casa, pero prefiere la calle porque la droga es “como una enfermedad y el cuerpo la pide”.Estudió hasta octavo de bachillerato en el colegio Inem. Afirma que estuvo seis meses juicioso, cuando hace varios años lo llevaron a La Linda por tener papeletas de bazuco.Aunque está dispuesto a cambiar, manifiesta que no está de acuerdo con el manejo de la UPV, pues cuando decide ir a las instalaciones, los servicios son muy demorados y necesita producir para el día. “Vivo del reciclaje y de los mandados que le hago a los artesanos del Parque Caldas. La dormida por lo general es en el barrio El Bosque, o donde me coja la noche”.Juan Gabriel Marín ArévaloEs del barrio San José de Manizales. Lleva tres años en la calle por culpa de la droga, según su testimonio. Tiene 22 años y estudió hasta cuarto de primaria. Dice que se siente solo, pues su mamá se mantiene de viaje con un señor de una tractomula por Medellín y Bogotá. Además, sus dos hermanos están en la cárcel.“Las amistades me llevaron a consumir y cuando necesito una ayuda no aparecen. Vivo del reciclaje y, por lo general, duermo en el barrio San Joaquín. Estoy expuesto a muchos peligros, pero no me da miedo”.Agrega que la UPV le parece interesante, pero que deberían internarlos para pensar en una rehabilitación.Fabio Nelson Betancur GiraldoLa falta de dinero y su adicción a las drogas lo llevaron a la calle. Cuenta que hace nueve años le robó 3 millones 500 mil pesos a una señora de la Fiscalía en Bogotá. El atraco lo cometió porque sus dos hijos y esposa no tenían qué comer. “Esperé a que saliera de un restaurante y la robé con el pico de una botella. Ella estaba borracha y llevaba un revólver en el bolso. También llevaba 400 millones en cheques, pero no podía hacer nada para reclamarlos. Fui tan de malas que nueve meses después del robo, me encontró y me pegó un tiro en el pecho que me dejó sin un pulmón y cojo”.Como la mayoría de indigentes, también vive del reciclaje y de la limosna. La utiliza para comprar medicamentos, comida y vicio. Fabio Nelson espera regresar pronto a Bogotá, aunque le da miedo que lo maten, pero dice que en Manizales la gente lo trata mal y lo humilla.La voz de un expertoFernando Cantor, Director del programa de Sociología de la Universidad de Caldas, analizó la indigencia en Manizales y Colombia, pero además puso algunos ejemplos internacionales que se pueden implementar dentro de la UPV.Para el investigador, lo primero que se debe hacer es profundizar qué es la indigencia para determinar fenómenos que inciden en ella. Según el docente universitario, existen razones como la pobreza extrema, la pérdida de vínculos familiares, las adicciones a las drogas y la ruptura de lazos en comunidad, que ayudan a expandir el problema social.“En nuestro país el desplazamiento forzado es un factor determinante dentro de la indigencia. Se necesita elaborar unapolítica pública y hacer una estrategia más amplia que involucre al Estado y al sector privado. De esta manera, se construye a un ciudadano que carece de vivienda, educación, alimentación, bienestar social y vida laboral”.El también sociólogo dijo que en España, Francia e Inglaterra, la persona que habita la calle necesita ocho meses para desintoxicarse y dos años para reintegrarse a la vida cotidiana. Resaltó que en los países europeos implementan un modelo que consiste en saberle llegar a estas personas para crear una empatía; lo otro es llevarlos a un albergue para iniciar un proceso de rehabilitación, además de crear espacios en donde ellos puedan vivir en comunidad, y darles de alta para reinsertarlos a la vida laboral.En el Eje Cafetero* Fabio de Jesús Sánchez, Subsecretario de Gobierno de Pereira.Señaló que en la ciudad apenas iniciaron un programa denominado Manejo integral a la indigencia. La intención es llevar a los habitantes de la calle a un albergue para que duerman allí y en el día trabajen con el reciclaje, mediante una cooperativa que pretender crear. “El lugar se está acondicionando y hace un mes y medio hicimos una brigada de salud para censarlos. En Pereira hay alrededor de 240 indigentes, de ellos 128 pertenecen al programa”, anotó el funcionario.* Liliana Jaramillo, Secretaria de Desarrollo Social de Armenia.Sostuvo que cada 15 días realizan operativos para llevar a los indigentes a la Fundación Hernán Mejía para brindarles un apoyo similar al que se ejecuta en Manizales. Agregó que en la ciudad hay 180 personas en la calle, pero aclaró que la cifra está en aumento porque a diario llegan de otras ciudades.* Julián Andrés Vasco Loaiza, Secretario de Gobierno de ManizalesSobre el programa de la UPV resaltó su importancia, pues es la primera vez que en la ciudad se hace algo para atender a la población vulnerable. Dijo que en 20 días que lleva el proyecto, se han atendido 600 indigentes que repiten los servicios ofrecidos. Concluyó que en la ciudad hay cerca de 150 indigentes y que esperan ayudarlos para que se reintegren a la vida normal.Habla la comunidadAlgunos manizaleños opinaron sobre qué se debe hacer con los indigentes que recorren las calles de la ciudad. La mayoría coincidieron en que las autoridades les tienen que dar garantías para rehabilitarse.José Ovidio Aguirre, pensionadoLos tienen que recoger de las calles y hacer algo por ello. La Alcaldía se debería comprometerse más con estas personas.Ignacio Betancur, jubiladoLas autoridades tienen que hacer el esfuerzo de identificar de dónde provienen para enviarlos a sus ciudades de origen y así protegerlos.Héctor Herrera Henao, pensionadoHay que ofrecerles un albergue permanente luego de recogerlos de las calles.Marina Rendón, ama de casaEs obligación del gobierno ayudarlos y hacer obras de caridad para que no pasen necesidades.David Robledo, jubiladoEl Municipio debe implementar políticas para ayudarlos cuando ellos necesiten cualquier servicio.El proyectoLa Unidad de Protección a la Vida (UPV) es un centro de atención transitoria para indigentes, trabajadoras sexuales y los llamados 'chirrincheros' que deambulan por las calles de la ciudad, en donde se les brindará atención en salud, alimentación, vestido y peluquería.“Auxiliares del programa invitarán a estas personas a vincularse a la campaña. Los profesionales que atenderán a los beneficiarios tendrán tres turnos en el día, para operar las 24 horas. Ayudarán a prevenir los actos de violencia y a orientar a la población en la autoprotección y respeto por su dignidad humana”, explicó Alberto Agudelo Moreno, representante de la Corporación Tejido Social, encargada de la operación de la UPV.
sábado, 13 de junio de 2009
“La pobreza tiene cara de mujer”

La crisis económica mundial reducirá drásticamente el salario individual de las mujeres africanas, así como los presupuestos que de que disponen para administrar sus hogares, con consecuencias especialmente perjudiciales para las niñas, explicó Obiageli Ezekwesili, vicepresidenta del Banco Mundial para la región de África, en una conferencia reciente sobre el impacto de la crisis económica mundial en las mujeres de África.
“La pobreza tiene cara de mujer, y la crisis económica mundial tendrá un impacto importante sobre las mujeres, a medida que crece la cantidad de mujeres que pierden su empleo y se ven obligadas a arreglárselas con ingresos familiares que se reducen permanentemente”, detalló Ezekwesili el 8 de mayo pasado en la conferencia “Women and the Changing Global Outlook”, organizada por la Embajada de Gran Bretaña en Washington, y la National Geographic Society.
“La pobreza tiene rostro femenino", agregó, mientras comenzaba a describir el retrato de la típica joven africana que vive en la pobreza.
“Tiene 18 años y medio. Vive en una zona rural. Abandonó la escuela. Es soltera, pero está a punto de casarse o de que la entreguen en matrimonio a un hombre que prácticamente le duplica la edad. De aquí a otros 20 años ya habrá tenido seis o siete hijos”, describió Ezekwesili, citando datos de la última edición de la publicación anual del Banco Mundial, Indicadores de Desarrollo en África (IDA).
“La pobreza tiene cara de mujer, y la crisis económica mundial tendrá un impacto importante sobre las mujeres, a medida que crece la cantidad de mujeres que pierden su empleo y se ven obligadas a arreglárselas con ingresos familiares que se reducen permanentemente”, detalló Ezekwesili el 8 de mayo pasado en la conferencia “Women and the Changing Global Outlook”, organizada por la Embajada de Gran Bretaña en Washington, y la National Geographic Society.
“La pobreza tiene rostro femenino", agregó, mientras comenzaba a describir el retrato de la típica joven africana que vive en la pobreza.
“Tiene 18 años y medio. Vive en una zona rural. Abandonó la escuela. Es soltera, pero está a punto de casarse o de que la entreguen en matrimonio a un hombre que prácticamente le duplica la edad. De aquí a otros 20 años ya habrá tenido seis o siete hijos”, describió Ezekwesili, citando datos de la última edición de la publicación anual del Banco Mundial, Indicadores de Desarrollo en África (IDA).
Albergues protegen a indigentes de las heladas noches invernales
En la ciudad de Cochabamba cerca de 500 personas viven en situación de calle, muchas de ellas afectadas por el consumo crónico de alcohol, entre estibadores, lustrabotas y otros jornaleros.
Hace más de tres años Miguel Torrico (nombre ficticio) muestra la triste realidad de vivir en las calles, durante este tiempo las noches de verano o invierno su único cobijo fueron un par de cartones viejos, periódicos y algunas bolsas de saquillo. Hasta el pasado fin de semana el techo bajo el cual se cobijaba para pasar las frías noches de invierno eran las galerías de la plaza 14 de Septiembre, sin embargo hace cuatro días su realidad cambió con la apertura del programa “Frío Invierno, Calor Humano”, impulsado por el Servicio Departamental de Gestión Social, (Sedeges) de la Prefectura, ya que ahora cuenta con una cama y alimentación. “Cuando llega el invierno vivo con el temor de morir de frío en las calles, sólo tengo unos cuantos cartones y periódicos con los que tapo mi cuerpo, pero estos no contrarrestan el frío de las noches y las madrugadas. Desde el lunes el miedo que tenía de perder la vida dejó de ser una preocupación para mi porque ahora tengo una cama y frazadas para taparme”, dijo el indigente que es recogido todas las noches por el bus prefectural para ser llevado al albergue habilitado en las instalaciones del Sedeges, ubicado en la calle 16 de Julio entre Ecuador y Venezuela. Como Miguel existen más de 40 personas que a partir del pasado lunes cuentan con un lugar donde pasar las noches, cenar y desayunar, para que al llegar la mañana puedan salir nuevamente a realizar sus actividades, muchos de ellos trabajando como jornaleros, lustrabotas o estibadores.Hasta la fecha el Sedeges ha habilitado dos ambientes que tienen la capacidad de albergar a 50 personas, el primero ubicado en las mismas instalaciones del Sedeges cuenta con 30 camas para acoger a indigentes o personas que por distintas razones viven en las calles. El segundo albergue que fue aperturado gracias a las instalaciones que fueron prestadas por una iglesia, está ubicado en la zona de Linde y tiene una capacidad para albergar a 20 personas. En estos dos ambientes las personas que viven en la calle reciben una cena y un vaso de leche caliente todas las noches y un desayuno por las mañanas. Además de recibir la atención de médicos y psicólogos que están prestos para tratar sus enfermedades y ayudarlos a salir de alguna manera de los vicios que tienen. Gracias a la ayuda de algunas personas que hacen llegar sus donaciones al Sedeges los indigentes también reciben algo de ropa y cuentan con una ducha donde pueden asearse diariamente. Según la directora del Sedeges, Mirian Cadima el presupuesto para llevar adelante dicho programa es para 100 personas pero debido a la falta de ambientes para habilitar otras 50 camas por el momento solamente se está atendiendo a 50 personas.“El programa tiene una duración de 40 días y todavía estamos en la búsqueda de un ambiente más para poder dar ayuda a otras 50 personas más”, dijo Cadima a tiempo de dar a conocer que el presupuesto para el programa es de Bs 21.800. Desconfianza Cuando llegan las 20:30 pm el bus del Sedeges que tiene una capacidad para 60 personas sale a las calles con un grupo de 10 personas que ayudan en el recojo de los indigentes para llevarlos al albergue. Su ruta recorre el Mercado Calatayud, 25 de Mayo, las calles Brasil y Lanza, la plazuela San Antonio, la plazuela Sucre y termina en la Plaza Principal 14 de Septiembre. A pesar de que el personal del Sedeges está uniformado y de manera cordial invita a los indigentes a pasar al bus para que sean llevados a los albergues, existe mucha desconfianza de parte de la gente que no quiere subir al motorizado porque asegura que no los devolverán a las calles.“Algunos creen que están siendo reclutados para ser llevados al trópico de Cochabamba de donde no los dejarán salir, otros incluso piensan que el programa es una especie de captura para tratar de eliminarlos porque viven en las calles”, dijo Cadima. Sin embargo existen otras personas que por su propia voluntad suben al bus y se dejan llevar o al comenzar la noche comienzan a llegar al Sedeges para dormir.“El objetivo principal del programa es evitar que la gente que duerme en la calle sufra por el frío y la falta de alimentos por lo menos en la época de invierno que es donde más corren el riesgo de que su salud se deteriore”, manifestó Cadima a tiempo de sostener que para hacer el control de manera diaria dos personas del Sedeges se encargan de hacer el control acompañando cada noche a los indigentes. Más de 500 personas en las calles La directora del Sedeges dio a conocer que para poner en marcha este programa, que en la próxima gestión se podría ampliar con la mayor otorgación de recursos, se hizo un diagnóstico situacional de las personas que viven en la calle. “Queríamos saber más o menos cuántas personas viven en las calles solamente en el Cercado y hemos logrado identificar a una población que supera las 500 personas”, informó. Al mismo tiempo indicó que a pesar de que los albergues solamente refugian a personas de los 30 años para arriba, sostuvo que cuando se encuentra a mujeres u hombres acompañados de sus hijos éstos son enviados a hogares para pasar las noches.
Hace más de tres años Miguel Torrico (nombre ficticio) muestra la triste realidad de vivir en las calles, durante este tiempo las noches de verano o invierno su único cobijo fueron un par de cartones viejos, periódicos y algunas bolsas de saquillo. Hasta el pasado fin de semana el techo bajo el cual se cobijaba para pasar las frías noches de invierno eran las galerías de la plaza 14 de Septiembre, sin embargo hace cuatro días su realidad cambió con la apertura del programa “Frío Invierno, Calor Humano”, impulsado por el Servicio Departamental de Gestión Social, (Sedeges) de la Prefectura, ya que ahora cuenta con una cama y alimentación. “Cuando llega el invierno vivo con el temor de morir de frío en las calles, sólo tengo unos cuantos cartones y periódicos con los que tapo mi cuerpo, pero estos no contrarrestan el frío de las noches y las madrugadas. Desde el lunes el miedo que tenía de perder la vida dejó de ser una preocupación para mi porque ahora tengo una cama y frazadas para taparme”, dijo el indigente que es recogido todas las noches por el bus prefectural para ser llevado al albergue habilitado en las instalaciones del Sedeges, ubicado en la calle 16 de Julio entre Ecuador y Venezuela. Como Miguel existen más de 40 personas que a partir del pasado lunes cuentan con un lugar donde pasar las noches, cenar y desayunar, para que al llegar la mañana puedan salir nuevamente a realizar sus actividades, muchos de ellos trabajando como jornaleros, lustrabotas o estibadores.Hasta la fecha el Sedeges ha habilitado dos ambientes que tienen la capacidad de albergar a 50 personas, el primero ubicado en las mismas instalaciones del Sedeges cuenta con 30 camas para acoger a indigentes o personas que por distintas razones viven en las calles. El segundo albergue que fue aperturado gracias a las instalaciones que fueron prestadas por una iglesia, está ubicado en la zona de Linde y tiene una capacidad para albergar a 20 personas. En estos dos ambientes las personas que viven en la calle reciben una cena y un vaso de leche caliente todas las noches y un desayuno por las mañanas. Además de recibir la atención de médicos y psicólogos que están prestos para tratar sus enfermedades y ayudarlos a salir de alguna manera de los vicios que tienen. Gracias a la ayuda de algunas personas que hacen llegar sus donaciones al Sedeges los indigentes también reciben algo de ropa y cuentan con una ducha donde pueden asearse diariamente. Según la directora del Sedeges, Mirian Cadima el presupuesto para llevar adelante dicho programa es para 100 personas pero debido a la falta de ambientes para habilitar otras 50 camas por el momento solamente se está atendiendo a 50 personas.“El programa tiene una duración de 40 días y todavía estamos en la búsqueda de un ambiente más para poder dar ayuda a otras 50 personas más”, dijo Cadima a tiempo de dar a conocer que el presupuesto para el programa es de Bs 21.800. Desconfianza Cuando llegan las 20:30 pm el bus del Sedeges que tiene una capacidad para 60 personas sale a las calles con un grupo de 10 personas que ayudan en el recojo de los indigentes para llevarlos al albergue. Su ruta recorre el Mercado Calatayud, 25 de Mayo, las calles Brasil y Lanza, la plazuela San Antonio, la plazuela Sucre y termina en la Plaza Principal 14 de Septiembre. A pesar de que el personal del Sedeges está uniformado y de manera cordial invita a los indigentes a pasar al bus para que sean llevados a los albergues, existe mucha desconfianza de parte de la gente que no quiere subir al motorizado porque asegura que no los devolverán a las calles.“Algunos creen que están siendo reclutados para ser llevados al trópico de Cochabamba de donde no los dejarán salir, otros incluso piensan que el programa es una especie de captura para tratar de eliminarlos porque viven en las calles”, dijo Cadima. Sin embargo existen otras personas que por su propia voluntad suben al bus y se dejan llevar o al comenzar la noche comienzan a llegar al Sedeges para dormir.“El objetivo principal del programa es evitar que la gente que duerme en la calle sufra por el frío y la falta de alimentos por lo menos en la época de invierno que es donde más corren el riesgo de que su salud se deteriore”, manifestó Cadima a tiempo de sostener que para hacer el control de manera diaria dos personas del Sedeges se encargan de hacer el control acompañando cada noche a los indigentes. Más de 500 personas en las calles La directora del Sedeges dio a conocer que para poner en marcha este programa, que en la próxima gestión se podría ampliar con la mayor otorgación de recursos, se hizo un diagnóstico situacional de las personas que viven en la calle. “Queríamos saber más o menos cuántas personas viven en las calles solamente en el Cercado y hemos logrado identificar a una población que supera las 500 personas”, informó. Al mismo tiempo indicó que a pesar de que los albergues solamente refugian a personas de los 30 años para arriba, sostuvo que cuando se encuentra a mujeres u hombres acompañados de sus hijos éstos son enviados a hogares para pasar las noches.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)